












Las inundaciones que golpearon el norte de Nepal el 26 de agosto provocaron cientos de muertes y dejaron más de 1.400 personas desaparecidas en Nepal y el Tíbet. El desastre arrasó ciudades enteras en pocas horas y afectó especialmente a comunidades cristianas evangélicas de la región.
Más del 40% de las carreteras de las zonas afectadas quedaron destruidas o gravemente dañadas. Además, miles de personas permanecen incomunicadas debido a la falta de electricidad y de señal móvil o de radio.
El distrito de Rasuwa concentra buena parte de los daños en viviendas, infraestructura y templos evangélicos. Según la Alianza Evangélica Mundial, dos de las seis iglesias registradas en Timure fueron completamente destruidas por la avalancha de agua, barro y hielo.
Las redes de ayuda cristianas informaron más de 125 muertes entre creyentes, aunque advirtieron que la cifra podría aumentar debido a la dificultad de acceso y a la interrupción de las comunicaciones.
Ante la emergencia, la National Churches Fellowship of Nepal y la Nepal Christian Society activaron operaciones desde Katmandú. Equipos de evaluación y rescate se trasladaron incluso en bicicletas de montaña debido a la destrucción de caminos y puentes.
También respondieron organizaciones internacionales. Send Relief distribuye arroz, lentejas, aceite, sal, botiquines y tiendas de campaña. Samaritan’s Purse desplegó especialistas y prepara un puente aéreo, mientras World Relief trabaja con socios locales para hacer llegar alimentos, agua y suministros.
La tragedia habría comenzado sin lluvias intensas previas. Una evaluación inicial de geólogos y glaciólogos apunta a que una avalancha de hielo desprendida de un glaciar, coincidiendo con un temblor de tierra, pudo desencadenar la repentina inundación.