Lutero en la pantalla: cómo el cine retrató al reformador desde 1928 hasta la versión de 2003

A propósito del aniversario de las 95 tesis, un repaso por las películas sobre Martín Lutero, con especial atención a la producción de 1953 y a la protagonizada por Joseph Fiennes.
Hace 21 horas Actualidad

La víspera del Día de Todos los Santos, el 31 de octubre de 1517, un joven monje agustino publicaba noventa y cinco tesis en la Universidad de Wittenberg, en Alemania. La lucha de ese hombre contra el poder religioso inició una Reforma que continúa hasta hoy. El cine mostró su figura a lo largo de los años con distintos resultados, pero con una misma fascinación.

La primera aproximación fue Lutero (1928), la única película dirigida por Hans Kyser, guionista alemán que trabajó con directores como Murnau o Pabst. El reformador aparece en el cine mudo con una obra de cierto presupuesto y gran dirección artística, con decorados, vestuario y efectos especiales espectaculares, aunque con actuaciones que tienden a la sobreactuación o a la inexpresividad. La atmósfera está bien lograda y es técnicamente correcta, pero el resultado es algo monótono. La copia que puede verse actualmente tiene subtítulos y una voz americana de fondo que comenta aspectos de la vida de Lutero.

En la época sonora, Lutero es un personaje de una película alemana de 1939, conocida en inglés como El corazón inmortal, dirigida por Veit Harlan con Bernhard Minetti en el papel del reformador. Pero la mejor película sobre Lutero llegó en 1953: una coproducción entre Estados Unidos y Alemania, dirigida por Irving Pichel y rodada en el país del reformador, con el actor irlandés Niall MacGinnis como protagonista. Tiene dos nominaciones al Oscar por la dirección artística de los alemanes Fritz Maurischat y Paul Makwitz y por la fotografía en blanco y negro del francés Joseph Brun. Es, según el análisis, una buena película que merece revisarse, en cierto sentido superior a la versión actual, y un auténtico clásico que debería tener mejor distribución.

Pichel era actor y director desde los años treinta. Comenzó en el teatro, llegó a California con el sonoro y su primera película fue el film de terror El malvado Zaroff, en 1932. Por su asociación con varios sospechosos de comunismo durante los años cuarenta fue llamado a declarar, pero logró librarse de la lista negra y trabajó en todo tipo de géneros. Hizo la película de Lutero justo después de rodar un western con Randolph Scott, Santa Fe, y murió de un ataque al corazón al año siguiente. Ya tenía experiencia en proyectos cristianos, pues había colaborado con el pastor episcopal Friedrich y sus Cathedral Films en El gran mandamiento (1939) y Día de triunfo (1954), esta última su último trabajo como director.

En 1974 Lutero volvió al cine, interpretado por Stacey Keach, en la versión de Guy Green de la obra de teatro de John Osborne, con Judi Dench como Catalina de Bora. El resultado, según la nota, resulta demasiado teatral y no transmite el asombro y la alegría del redescubrimiento del Evangelio.

La versión más fácil de encontrar hoy, en plataformas o en DVD, es la de 2003, dirigida por Eric Till, con Joseph Fiennes en el papel principal. Muestra al reformador como un joven asombrado por el poder liberador de la Palabra de Dios, con una humanidad que lo aleja de la leyenda negra. La película arranca con la tormenta por la que Lutero decide hacerse monje en Erfurt en 1505, pese a la oposición de su padre, y presenta a Staupitz, interpretado por Bruno Ganz. Retrata también la visita a Roma, que lo deja escandalizado, y la venta masiva de indulgencias impulsada por León X, mostrada con detalle y exactitud histórica. Peter Ustinov interpreta a Federico el Sabio, cuyo apoyo hizo posible la traducción de la Biblia, y la película, que cierra con el apoyo de los príncipes en Augsburgo, deja ver las consecuencias de la visión de Lutero sobre los dos reinos y la guerra contra los campesinos.

El análisis destaca el tratamiento de la Biblia como fuerza emancipadora y la negativa de Lutero a arrodillarse ante la autoridad de Roma, representada por el cardenal Cayetano, porque su conciencia está "cautiva de la Palabra de Dios". Subraya además la relación del reformador con Greta, una niña con discapacidad que aparece a lo largo del film, y su sermón en la iglesia de Wittenberg, además del relato del hijo pródigo con el que explica a los niños que el Padre corre en busca de su hijo.

Para el autor de la nota, esta no es la historia de un gran hombre, sino de un gran Dios, que ama profundamente a criaturas tan miserables y atormentadas como aquel monje.

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