












Nigeria atraviesa, según un informe de la organización estadounidense Equipping The Persecuted (ETP), una grave crisis de violencia contra comunidades cristianas. El documento contabiliza 4.216 cristianos asesinados entre el 1 de enero y el 8 de septiembre de 2026, lo que representa un promedio de 35 muertes diarias.
La mayoría de los ataques registrados se concentra en el Cinturón Medio del país, una región que, según el informe, recibe baja prioridad en las políticas de seguridad de Nigeria y Estados Unidos.
ETP sostiene que la violencia contra comunidades agrícolas cristianas tiene motivos religiosos y atribuye los ataques a redes militantes fulani. Según la organización, estas redes serían responsables de más muertes que Boko Haram e ISWAP combinados.
El informe describe incursiones en aldeas, incendios de iglesias, asesinatos selectivos, secuestros y desplazamientos masivos. Como consecuencia, señala la destrucción de más de 600 comunidades cristianas y el desplazamiento de más de 5 millones de personas.
La organización cuestiona que estos hechos sean presentados únicamente como conflictos entre agricultores y pastores y sostiene que esa explicación oculta, según su interpretación, una persecución sistemática contra comunidades cristianas.
ETP reclama investigaciones que alcancen a comandantes, financiadores, proveedores de armas y funcionarios que pudieran estar involucrados, además de medidas de seguridad que permitan el regreso seguro y digno de las personas desplazadas.
El informe incluye también el testimonio del pastor evangélico Josiah, del norte de Nigeria, quien perdió a su esposa Rebekah y a sus tres hijos, Jonathan, Timothy y Rowland, en ataques atribuidos a extremistas fulani.
Su historia se desarrolla frente a una fosa común donde fueron enterrados 22 cristianos asesinados. Según su relato, el 28 de noviembre de 2022 hombres armados ingresaron a su vivienda. Su esposa fue asesinada y él y sus hijos fueron secuestrados y llevados al monte, donde permanecieron dos meses y dos semanas bajo condiciones de frío extremo, hambre, enfermedades y torturas.
Durante el cautiverio, los secuestradores se burlaban de su fe. Posteriormente, Jonathan y Timothy fueron asesinados cuando habían sido enviados a recoger un rescate. Años después, Rowland también fue ejecutado mientras alertaba sobre otro ataque en la aldea.
Josiah relató que el dolor lo consumió hasta recibir atención espiritual y postraumática. “Llorar se ha convertido en parte de mí… el perdón me ha ayudado a sanar”, expresó.
A pesar de lo ocurrido, continúa con su labor pastoral y afirma que incluso ora por los militantes. También reclama mayor atención internacional a la situación. “Si los cristianos mueren, el mundo no se entera. Necesitamos que alcen la voz”, manifestó.
El informe sostiene que la combinación de persecución religiosa, impunidad y desplazamiento está transformando la situación de las comunidades del Cinturón Medio. Organizaciones locales e internacionales reclaman medidas para proteger a los civiles y acompañar la reconstrucción física y emocional de los sobrevivientes.