Las catedrales anglicanas de Inglaterra enfrentan críticas por organizar fiestas y conciertos

La decisión de utilizar templos históricos para conciertos, discotecas silenciosas y raves generó cuestionamientos por su impacto sobre el carácter religioso y simbólico de estos edificios, mientras sus responsables defienden la necesidad de generar ingresos para mantenerlos.
Hace 22 horas Actualidad

Varias de las catedrales anglicanas más emblemáticas de Inglaterra quedaron en el centro de una creciente controversia por la organización de conciertos, discotecas “silenciosas” y, en algunos casos, raves vinculadas con empresas del sector del ocio nocturno.

Las actividades son impulsadas, en buena medida, por la necesidad de generar recursos para afrontar los elevados costos de mantenimiento de edificios históricos. Sin embargo, la decisión despertó críticas de sectores sociales, asociaciones patrimoniales y descendientes de figuras históricas relacionadas con algunos de estos templos.

Uno de los casos que generó mayor polémica es el de la Catedral de San Pablo, en Londres, que firmó un acuerdo plurianual con el club nocturno Fabric, reconocido por su presencia en la escena electrónica y que perdió su licencia en 2016 después de dos muertes relacionadas con drogas.

Los responsables del proyecto sostienen que los conciertos pretenden atraer nuevos visitantes y ofrecer otras formas de acercamiento al valor arquitectónico y cultural del edificio. Según la dirección de la catedral, el programa fue diseñado teniendo en cuenta la acústica y el entorno histórico del templo.

No obstante, la utilización del lugar generó cuestionamientos adicionales por la cercanía de la tumba del almirante Horatio Nelson, ubicada en la cripta. Descendientes del militar calificaron la iniciativa como una falta de respeto y cuestionaron que se permita “bailar sobre tumbas”.

La controversia también alcanza a otras catedrales anglicanas, entre ellas las de Canterbury, Durham, Salisbury, Wells y Worcester. En estos espacios se han realizado conciertos de música pop, espectáculos tributo y discotecas silenciosas, en las que los asistentes bailan con auriculares mientras el interior de los edificios es iluminado con luces de colores.

En Canterbury, uno de estos eventos reunió a cientos de personas que bailaron música de las décadas de 1980 y 1990. La actividad incluyó además barras de bebidas instaladas en los pasillos laterales.

Los organizadores justifican este tipo de propuestas como una manera de acercar a personas que normalmente no visitarían un templo y, al mismo tiempo, contribuir a solventar los gastos de mantenimiento. Algunas catedrales informaron que una sola discoteca silenciosa puede generar alrededor de 20.000 libras, mientras que los gastos diarios pueden alcanzar unas 30.000 libras.

La situación económica explica parte de estas decisiones. Según la Asociación de Catedrales Inglesas, tres de cada cuatro catedrales funcionan con déficit, lo que las lleva a buscar fuentes alternativas de financiación ante la limitada aportación institucional y la falta de apoyo público regular.

Las críticas apuntan, en cambio, a que este tipo de eventos puede hacer que los espacios históricos pierdan parte de su carácter simbólico y religioso. Algunos cuestionamientos advierten sobre el riesgo de convertir las catedrales en lugares de entretenimiento y de alejarlas de su significado cultural y espiritual tradicional.