Legisladores uruguayos de distintos partidos debatieron sobre la fe cristiana y su aporte a la política

El encuentro "Uruguay Dialoga", organizado por Parlamento y Fe en Montevideo, reunió a representantes de diferentes sectores políticos para reflexionar sobre libertad religiosa, valores cristianos y responsabilidad pública. La jornada también abordó problemáticas sociales como las adicciones y la salud mental.
Hace 8 horas Actualidad

El Parlamento de Uruguay fue escenario de una jornada de diálogo entre legisladores de diferentes partidos políticos que compartieron reflexiones sobre el papel de la fe cristiana en la vida pública y la importancia de construir acuerdos en una sociedad plural.

La actividad, denominada "Uruguay Dialoga", fue organizada por Parlamento y Fe y contó con la participación de representantes de distintas fuerzas políticas, incluido el oficialista Frente Amplio. El encuentro recibió el respaldo del presidente de la Cámara de Representantes, Rodrigo Goñi, y tuvo entre sus invitados a Luciano Bongarrá, fundador y presidente de Parlamento y Fe Internacional.

La organización, presente en más de 70 países, busca promover la incorporación de valores cristianos a la actividad política mediante el diálogo y el respeto por las instituciones democráticas.

En Uruguay, el espacio es coordinado por el senador suplente Gerardo Amarilla, quien aclaró que la iniciativa no pretende convertirse en un grupo de presión política.

Según explicó, aunque muchos participantes comparten posiciones provida y profamilia, el objetivo principal no consiste en impulsar determinadas leyes, sino en promover principios éticos que contribuyan al ejercicio responsable de la función pública.

Durante su intervención en el Palacio Legislativo, Luciano Bongarrá destacó que la organización respeta plenamente la laicidad del Estado y no busca establecer un partido cristiano ni convertir al Gobierno en una institución religiosa.

El dirigente sostuvo que la fe bíblica "jamás impone; propone" y remarcó que una creencia establecida por obligación legal pierde su verdadero sentido.

También señaló que los legisladores, independientemente de sus responsabilidades institucionales, son personas con convicciones y principios morales que pueden orientar sus decisiones.

Bongarrá defendió una participación cristiana en la política basada en la justicia, la integridad, el respeto por quienes piensan diferente y el compromiso con el bien común.

La jornada comenzó en la Torre de Antel, donde se desarrollaron mesas dedicadas a las adicciones, la salud mental y la honestidad en la función pública.

En ese contexto, Amarilla destacó el trabajo histórico de las organizaciones religiosas en áreas como la educación, la salud y el acompañamiento social. También consideró que la dimensión espiritual puede contribuir a la atención de personas que atraviesan problemas de salud mental o situaciones de adicción.

Por la tarde, el debate se trasladó al Palacio Legislativo, donde participaron los diputados Álvaro Lima y Silvana Pérez Bonavita, junto con Gerardo Amarilla y Gerardo Sotelo.

Lima planteó la necesidad de fortalecer el encuentro entre parlamentarios y comunidades de fe para contribuir a la construcción de una sociedad mejor.

Por su parte, Pérez Bonavita defendió el derecho de los creyentes a expresar sus convicciones dentro de la actividad política y alentó a no aceptar la censura ni limitar voluntariamente sus opiniones.

Gerardo Sotelo reflexionó sobre los alcances de la secularización y la posibilidad de debatir distintas interpretaciones acerca del origen del universo desde una perspectiva abierta al intercambio de ideas.

Amarilla recordó que el Parlamento es "la casa de la democracia" y sostuvo que las convicciones religiosas deben recibir el mismo respeto que otras corrientes filosóficas o políticas.

El cierre estuvo a cargo de Rodrigo Goñi, quien advirtió sobre los desafíos actuales para la libertad de conciencia y recordó que la Constitución uruguaya reconoce expresamente la libertad religiosa.

La jornada concluyó con la presentación del libro "El lugar de lo sagrado", de Manfred Svensson, como parte de una iniciativa orientada a fortalecer el diálogo entre fe, ética y democracia.