El poder evangélico gana espacio en el nuevo gobierno de Colombia

La llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia colombiana consolidó una nueva alianza entre sectores evangélicos y católicos alrededor de una agenda conservadora. Iglesias con amplia estructura territorial y experiencia política ocupan espacios de influencia en el Ejecutivo, mientras sus referentes impulsan posiciones vinculadas con la familia, la educación, la defensa de la vida y la seguridad.
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La llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia de Colombia está acompañada por un creciente protagonismo de sectores evangélicos que durante las últimas décadas fueron ganando peso en la vida política y electoral del país. Iglesias con estructuras consolidadas, dirigentes con experiencia institucional y pastores con vínculos directos con el nuevo gobierno forman parte de un espacio que busca trasladar al ámbito público una agenda de valores conservadores.

Aunque De la Espriella se presenta como un “ateo arrepentido” convertido al catolicismo, su llegada al poder estuvo acompañada por una importante movilización de iglesias evangélicas. La relación entre estos sectores y la política colombiana se fortaleció especialmente desde comienzos de la década de 2000 y tomó mayor impulso después del plebiscito sobre el acuerdo de paz de 2016.

El crecimiento demográfico de las comunidades protestantes, sumado al desencanto con sectores tradicionales de la política conservadora, favoreció la aparición de nuevos espacios de participación electoral. En ese proceso, cuestiones vinculadas con la familia, la educación, el aborto y las políticas de género se convirtieron en algunos de los principales puntos de coincidencia entre distintos grupos cristianos.

El nuevo gobierno aparece como un punto de encuentro entre varias de esas organizaciones. De la Espriella ha expresado públicamente su intención de incorporar referencias religiosas a su gestión y ha planteado una denominada “batalla cultural” alrededor de valores como la familia, la disciplina, el mérito, la educación y la defensa de la vida.

Uno de los actores más importantes de este entramado es la Misión Carismática Internacional, fundada en 1983 por César Castellanos y Claudia Rodríguez. La organización posee una extensa trayectoria política y presencia internacional, con vínculos que se remontan a distintos gobiernos colombianos.

Dentro de ese espacio aparece Carol Borda, congresista de Salvación Nacional y miembro de la MCI, quien tuvo participación en la movilización electoral durante la campaña. También se destaca Sara Castellanos, senadora e hija de los fundadores de la iglesia, cuya actividad política está vinculada con la expansión de la organización en distintos países. A ellas se suma Clara Lucía Sandoval, pastora y concejal, incorporada al Ejecutivo con responsabilidades en Bogotá.

Otro núcleo de influencia es Casa sobre la Roca, una iglesia con fuerte presencia entre sectores profesionales. En este ámbito se destaca Viviane Morales, exfiscal general y dirigente vinculada históricamente al cristianismo político, quien asumió como ministra de Educación. Su esposo, Carlos Alonso Lucio, también forma parte del equipo de empalme presidencial.

La presencia de líderes religiosos también se extiende al acompañamiento espiritual del gabinete. El pastor Miguel Arrázola, referente de la iglesia Ríos de Vida de Cartagena, participó en el retiro espiritual de los ministros, durante el cual los integrantes del gabinete oraron y recibieron Biblias.

En Cali, uno de los referentes que respaldó tempranamente a De la Espriella fue el pastor John Milton Rodríguez, líder de Misión Paz a las Naciones y exsenador. Rodríguez había apoyado la candidatura desde sus primeras etapas y valoró especialmente que la ceremonia de posesión presidencial se realizara en Cali.

Durante la investidura también tuvo protagonismo el pastor Eduardo Cañas, de Manantial de Vida Eterna, quien participó en la conducción religiosa del acto. Su presencia reforzó la dimensión espiritual que el nuevo mandatario decidió incorporar a una ceremonia marcada por referencias explícitas al cristianismo.

Otro actor relevante es Andrés Corson, pastor de El Lugar de Su Presencia, una de las iglesias evangélicas de mayor convocatoria en Bogotá. Recientemente recibió al vicepresidente José Manuel Restrepo, de tradición católica, y le entregó una Biblia como símbolo de acercamiento entre ambos sectores.

Esta convergencia entre católicos y evangélicos representa uno de los cambios más significativos de las últimas décadas. Grupos que históricamente mantuvieron diferencias doctrinales han encontrado puntos de coincidencia en cuestiones como la defensa de la familia y de la vida y el rechazo a determinadas políticas educativas y de género.

La alianza, sin embargo, no implica una identidad absoluta entre las distintas iglesias. El mundo evangélico colombiano mantiene diferencias internas y también existen sectores católicos que cuestionan algunas de las posiciones promovidas por el nuevo gobierno.

A este entramado se suma Jaime Andrés Beltrán, exalcalde de Bucaramanga y pastor del Movimiento Evangelístico Camino a la Libertad, quien fue designado ministro de Vivienda.

La creciente presencia de estos referentes muestra que las iglesias evangélicas dejaron de ser únicamente organizaciones religiosas con influencia social para convertirse en actores políticos con capacidad de movilización, representación institucional y llegada directa al poder. Con De la Espriella en la Presidencia, esa influencia adquiere una dimensión inédita y coloca nuevamente la relación entre religión, política y Estado en el centro del debate público colombiano.